El titular de la noticia era "Muere un hombre al ser atropellado". Sin ller el texto de la noticia mi mente ya había pensado en un conductor imprudente, de estos que no respetan el paso peatonal o los semaforos y los stops. Pero nada más lejos de la realidad.
El conductor, una mujer en este caso, aunque sea imputable por nuestras leyes, no tiene ninguna culpa. El hombre cruzaba corriendo una carretera principal, de noche, y donde no hay iluminación ni está previsto que peatones la crucen. Así que la conductora se encontró de repente a un hombre, no sé ni si llegó a verle, si hubo tiempo de reaccionar.
La noticia no acaba aquí. El hombre estaba huyendo después de haber robado una mochila a un empleado de seguridad de un edificio cerca del lugar del atropello.
Desde pequeños nos han enseñado el concepto de castigo divino: hay un Dios ahí arriba que te castiga por tus actos de maldad. A lo largo de mi vida he llegado a no creer en un Dios, sino en una fuerza que nos gobierna a todos, que dicta las leyes de la naturaleza. Si, lo que algunos llaman Dios, otros Budda, otros Hallah..... Yo la llamo simplemente "fuerza".
Ahora bien. Según lo que nos han enseñado, Dios habría castigado el hombre por haber robado a otro "hermano". Sinceramente no recuerdo me hayan enseñado que el castigo divino consistía en hacerte perder la vida. Lo de ayer, para mí, ha sido una de estas trampas que te guarda el destino, sin una razón precisa.
Al leer la noticia, pocos hemos hecho caso al rol de la conductora. Todos, o la mayoría de los que hemos leido la noticia, hemos pensado: y ¿quién le mandó a robar una mochila? Claro, al no haber robado, no hubiera tenido la necesidad de huir y no lo hubieran atropellado. Pero con los "si" no se hace la historia. Y lo hecho hecho está.
Mi reflexión es la siguiente: ¿por qué el hombre empezó a huir dirección a la carretera? ¿Por qué no pensó huir hacia otra dirección, tal vez más segura?
Imagino haya tomado la decisión de cruzar la carretera sin ni siquiera pensarlo, y menos dandose cuenta de lo que iba a pasar. Es una decisón por impulso, dirán muchos. Para mí nuestros impulsos son dominables si estamos en contacto con la fuerza de la que os hablaba antes, la fuerza cosmica que todo gobierna y todo controla. No voy a dar ningún juicio moral sobre los acontecimientos: no soy nadie para juzgar. El hombre tendría sus razones para robar esa mochila. Lo que me llama la atención es la consecuencia de su acto: muere por robar una mochila. Y lo peor, muere por mano de otra persona que ni siquiera tenía en sus planes de vida "matar" a alguien. Esta persona estaba en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Esto es lo que yo defino trampas de la vida.
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